lunes, 16 de febrero de 2026

La noche que los demonios salieron de caceria

 


El silencio en el campo no es paz, era un aviso. Esa noche, el aire pesaba tanto que parecia que los pulmones de los seres que habitaban la región de Palo Alto tenian que hacer un esfuezo para encontrar oxigeno, Palo Alto era un lugar casi desolalado, debia su nombre porque estaba  preñado de arboles mu alto. El lugar era sombrio, alli no se escuchaba ni siquiera el canto de los grillos, mucho menos el ulular de los buhos; hasta los animales  mas valientes se habian hundido en lo mas profundo de sus. madrigueras.

Don Elias se levantó sin hacer ruido apretó el mango de su linterna apagada. Sabia que la luz era un faro  que no debe ser visto por todo. Se quedó inmovil junto al viejo cerco de piedra conteniendo el aliento, Fue entonces cuando un sonido estraño rasgó la penumbra !Crack! Era el chaquido de una rama seca quebrandose bajo un peso que no pertenecia a nadie de este mundo, era un sonido que resonó en todos los lideros del bosque de la comarca.

No era el paso erratico de un animal dijo, pocas veces habia escuchado ese crujido, con la diferencia que esa noche era mas pausado, mas ritmico, casi burlon si se quiere, El viejo rogaba de rodilla para que el viento no llevara su aroma hacia el centro del monte, Pero el viento ya no soplaba.

Comprendió que la veda para cazar se habia abierto, y de esa oscuridad espesa donde los arboles parecian estirarse como garras hacia el cielo venian unos gritos horripilantes.  Fue en ese momento que Elias entendió que la jeralquia de la tierra habia cambiado,

Los hombres ya no eran los dueños del monte dijo .Esa era, finalmente, la noche que los demonios salian de caceria.

Don Elias era el unico que escuchaba esos gritos y el latido de la tierra.

A unos cuantos metros,  cerca del viejo granero de donde emanaba un olor a alfala seca y a olvido, Julian maldijo entre diente. El no creia en demonios, pero el peso del aire le estaba doblando la voluntad. Llevaba su escopeta al hombro, convencido que algun cuatrero andaba merodiando por el corral.

__! Sal de ahi  hijueputa sino quieres que te parta en mil pedazos__gritó Julian, pero su voz, usualmente firme. se quebró al final como una rama seca.

La respuesta no fue una voz humana, sino un susurro que parecia venir de todas direcciones a la vez. En ese instante una figura meduda emergió de entre los matorrales, corriendo desesperada hacia del granero. Era Lucia. Tenia los ojos desorbitados y el vestido rasgado por la espina del monte.__!No dispare!-- suplicó la mujer cayendo de rodillas frente a él.

__!No estan buscando ganado, Julian... no estan contando a nosotros

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